“Y volvió Lindberg”, es el título de la conferencia que,a cargo del general del Ejército del Aire Luis Castañón Albo, se impartirá el próximo martes,19 de agosto, e las ocho de la tarde, en el Patronato Militar “Virgen del Puerto” de Santoña(entrada por la calle Prim).. Se trata de una actividad organizada por REHISAN y ADPS, con la colaboración especial de la RMASE Virgen del Puert
A las 4 de la tarde del 11 de noviembre de 1933 amerizó en la bahía de Santoña el aviador estadounidense Charles Augustus Lindbergh (primer piloto en cruzar el océano Atlántico, uniendo el continente americano y el continente europeo en un vuelo sin escalas en solitario). El aviador y su esposa Anne Spencer Morrow estaban realizando una vuelta al mundo en su hidroplano Albatros. Ese mismo día habían salido del lago Constanza en Suiza con la intención de llegar hasta Lisboa, pero las condiciones atmosféricas obligaron al piloto a pedir ayuda y permiso para un amerizaje forzoso, para lo que se puso en contacto con el embajador americano en Madrid. Éste a su vez pidió permiso al Gobierno español para que Lindbergh pudiera amerizar en cualquier punto del Cantábrico. Fue así como el piloto llegó a la bahía de Santoña ante el asombro de la gente que en ese momento paseaba por el Pasaje.
Este hecho provocó no sólo un gran susto entre los convecinos de la villa sino también la alarma en algún que otro centro oficial, como en el caso del Penal de El Dueso, donde se llegó a pensar que se trataba de una trama urdida para liberar de su celda al general Sanjurjo. Por aquella época, el militar se encontraba preso en Santoña como consecuencia de un fallido golpe de estado. «Tan arriesgado aviador», como le llamaban Pepito Valle y su hijo Ángel (fallecidos ambos) no era otro que «El loco aviador», como fue calificado por la prensa norteamericana. A bordo del hidroavión ‘Albatros’ realizaba por entonces un vuelo de agradecimiento por las atenciones recibidas de con motivo del rapto y asesinato de su hijo primogénito.
Logrado el amerizaje del ‘Albatros’ en el puerto de Santoña, saltaron de la carlinga del hidroplano dos personajes, después de que, no sin grandes esfuerzos, el aparato pudiera ser fondeado en las proximidades del muelle ‘La Zarceta’. Se trataba de Charles Augustus Lindberg y su esposa Anne Spencer Morrow. Ambos fueron llevados a tierra por el marinero Zoilo Fernández ,que se acercó con su lancha al hidroplano y trasladó a Lindbergh a tierra, mientras el nombre del popular piloto, una vez reconocido, era coreado por el público que le esperaba en el tierra firme.
Los Valle, padre e hijo, relataban años más tarde como lograron establecer comunicación con los Lindberg, «sólo por señas». Al final, el matrimonio contactó con la familia Albo. Uno de los Albo, José Albo, ostentaba la representación consular de Francia en la provincia. Por otro lado, un empleado de la conservera, Roberto González de Córdoba ‘Calili’ actuó como intérprete, salvando así todos los escollos para conocer los avatares que habían llevado a Charles y Anne Lindberg a protagonizar tan peculiar situación… Venancio Albo se prestó a ser su anfitrión ofreciendo su casona edificada en la calle de Alfonso XII[1]. Tras estas gestiones se dirigieron de nuevo al Albatros donde esperaba la esposa de Lindbergh con el equipaje. Después de hacer las oportunas maniobras para dejar el hidro bien amarrado en lugar seguro y bajo la vigilancia del Cuerpo de Carabineros, volvieron a tierra. Por la noche se desató una galerna y el ancla del hidroplano garreó por lo que Lindbergh tuvo que ocuparse nuevamente del aparato y asegurarlo con la ayuda de dos marineros, mientras gente voluntaria alumbraba la faena con los faros de sus automóviles.
En este corto espacio de tiempo, la centralita telefónica que atendía las hermanas Mediavilla quedó bloqueada a causa de las llamadas procedentes de numerosos periódicos, tanto nacionales como de Estados Unidos, preocupados por la suerte corrida por su héroe nacional. Como consecuencia del fuerte temporal que azotó la zona un grupo de pescadores tuvo que fijar el fondeo y el amarre del ‘Albatros’ frente al espigón de la dársena sur, al socaire del viento.
Al día siguiente, domingo, a las 12 de la mañana, Lindbergh y su esposa acompañados de la familia Albo se dirigieron al Ayuntamiento, recibiendo a su llegada una fuerte ovación de casi todo el pueblo que había acudido a la plaza. Fue todo un acontecimiento. Fueron recibidos por todas las personalidades de Santoña[2], militares y civiles y fueron invitados en el salón de sesiones a un ágape que, según las cuentas registradas en los archivos del Ayuntamiento fue un gasto extra que el municipio tardó un año en poder pagar. A continuación fueron acompañados a una visita turística.
Por parte del Gobierno y altos cargos de la Aeronáutica Militar Española, recibió Lindbergh telegramas y cartas de simpatía y ofrecimientos constantes de ayuda. El lunes 13 de noviembre, Lindbergh y su avión ya estaban preparados para emprender el vuelo. El pueblo santoñés en pleno acudió a la despedida. A las 10:50 el Albatros, tras hacer unas evoluciones para calentar motores, emprendió el vuelo rumbo a Lisboa. Hizo un alto en el río Miño, cerca de Tui, desde donde mandó un telegrama a la familia Albo.
El día 17 en el Ayuntamiento de Santoña en sesión plenaria fue leída (traducida) por el alcalde Gumersindo Valle la nota de agradecimiento que el aviador había dejado:
“Apreciable señor alcalde: Antes de abandonar Santoña, deseamos expresarle nuestra gratitud por las grandes atenciones y la hospitalidad que hemos recibido en esta villa. Hemos encontrado el puerto en condiciones excelentes para amerizar en la oscuridad que estaba ya encima. Queremos agradecer a usted y al vecindario de Santoña la gratitud y hospitalidad dispensadas, muy particularmente por el auxilio que encontramos, a nuestra llegada durante la tempestad. Afectuosamente Charles A. Lindbergh”.


















