La ría de Solía fue hoy un espacio de atención compartida. En una convocatoria de la Plataforma Son Gigantes, unas sesenta vecinas y vecinos de distintas localidades cántabras se reunieron pese a la lluvia, en una cita que la organización consideró «un éxito» y que sirvió para comprender el alcance de las infraestructuras de evacuación eléctrica vinculadas a diversos proyectos eólicos como Astillero I y II, actualmente en fase de información pública.
La jornada, entre abrigos, chubasqueros y paraguas, se desarrolló a lo largo de un recorrido aproximado de un kilómetro, con salida desde el entorno de Electra de Viesgo. Durante el trayecto, las personas asistentes se detuvieron en distintos puntos para situar las subestaciones proyectadas: la primera, en la parcela donde se prevén las subestaciones de los polígonos eólicos Briesa y Las Américas; la segunda, en el entorno de Benavieja; y la tercera, en la zona vinculada a Astillero I y II.
Durante la explicación se puso el foco en la ausencia de una evaluación ambiental conjunta de estas infraestructuras de evacuación y en el riesgo que supone concentrarlas en un espacio natural sensible, próximo a zonas habitadas y con distintas figuras de protección ambiental. Un impacto que crecería de forma significativa si prosperan Astillero I y II, ya que la evacuación de la energía generada por 35 aerogeneradores (más de 156 MW) se canalizaría a través de este ámbito, incrementando la presión sobre un mismo corredor territorial.
Según Raúl Magni Hontañón, miembro del colectivo ciudadano Son Gigantes, la construcción de nuevas subestaciones saturaría un espacio ya cargado de torres y cableados eléctricos, protegido por el POL, y supondría además la ocupación de grandes superficies —en torno a 8.500 metros cuadrados—.
En la última parada, entre las personas asistentes —varias de ellas residentes directamente afectadas— surgieron preguntas sobre las consecuencias y los posibles beneficios de estas infraestructuras para la población local. Hontañón indicó que, según la experiencia acumulada en proyectos similares, no se identifican beneficios directos para particulares. La explicación contó con el apoyo de miembros de Son Gigantes y de otros colectivos vecinales del territorio. El lema compartido fue «Solía no se expolia», en un clima de interés y preocupación entre las personas asistentes.
Desde la plataforma se subrayó que este tipo de infraestructuras introduce transformaciones difícilmente reversibles, que condicionan el uso del suelo durante décadas. «No se trata solo de construir, sino de cerrar opciones en un territorio finito», señalaron, recordando que la participación ciudadana informada es clave para decidir: «el futuro no se delega, se decide».
La marcha se enmarca en una agenda de acciones que incluye charlas informativas, proyecciones documentales y la recogida de alegaciones contra Astillero I y II hasta el 3 de febrero, con el apoyo de seis ayuntamientos y la colaboración de decenas de establecimientos en 16 localidades.


















