Ramón Arenas San Martín
Hoy hemos leído en la prensa la noticia de que “Laredo pierde 63 habitantes en un solo año: de 10.738 a 10.675”.
A muchos este dato les puede parecer una cifra menor, casi anecdótica, pero en demografía local es una señal clara: como una fisura en el casco de una barca, no la hunde hoy, pero indica por dónde entra el agua y eso, a Uxl le importa y mucho.
La paradoja de Laredo es conocida y persistente: aquí cabe mucha gente, pero no toda vive aquí todo el año. Somos la villa de dos meses llenos y el resto vacíos; del comercio que sobrevive a base de la temporada estival; de la vivienda presionada por la estacionalidad y la demanda eventual; del empleo concentrado en hostelería y servicios de verano, pero que no encuentra trabajo en la industria, no la hay; salvo los puestos que nos dan las conserveras.
Y cuando una ciudad, una Villa, por muy Leal y Noble que sea, vive sólo de su pico veraniego, acaba pagando con su valle de 10 largos meses: jóvenes que se marchan, familias que no pueden asentarse, mayores que sostienen la memoria y el dolor de ver cómo se desmembran los más jóvenes que tienen que irse de Laredo a “buscarse la vida”.
Por eso, la pregunta clave no es cómo “recuperar 63 personas”, sino qué condiciones hacen que la gente quiera quedarse, volver y echar raíces. Y esa respuesta no es retórica: es política municipal concreta. Es la pregunta que debemos responder los políticos desde nuestras propuestas realista y ejecuciones de los programas locales que atraigan, sobre todo, a los más jovenes, para que puedan permanecer en Laredo si lo desean.
De municipio de temporada a ciudad habitable
Laredo necesita un proyecto de ciudad que funcione los 365 días del año. Y eso no se construye a base de ocurrencias ni de anuncios grandilocuentes, sino con políticas realistas, continuadas y medibles.
Sí, Laredo necesita un proyecto de ciudad que funcione y eso exige actuar en varios frentes a la vez, con políticas realistas, no con la ciencia ficción de “proyectos estrellas” que se quedan en nada y que, al final, son proyectos fantasmas de cara a la población y sólo sirven para sacarse la foto cortando la cinta.
Primero, vivienda
No habrá población estable en Laredo sin vivienda accesible. Es imprescindible movilizar vivienda vacía con garantías públicas, promover alquiler asequible para jóvenes, familias y trabajadores esenciales, y ordenar el alquiler turístico para equilibrar mercado y derecho a vivir aquí. Si la vivienda se convierte solo en producto, la población se convierte en rotación.
Segundo: el urbanismo y el espacio público
La recuperación de la Puebla Vieja no es solo una cuestión patrimonial: es demográfica. Lo hemos dicho hasta la saciedad “peatonalizar con criterio, crear accesos alternativos, aprobar un nuevo Plan Especial y un Plan Director realista no es “embellecer”; es hacer habitable el casco histórico, devolverle vida cotidiana, comercio de proximidad y residencia estable.
La peatonalización del eje que va desde la Plaza de la Constitución, a través de la calle Revellón, hasta la calle Emperador no es una opción estética ni una ocurrencia urbanística: es una condición imprescindible para la recuperación real de la Puebla Vieja. Mientras no se afronte este proyecto de manera integral —acompañándolo de un vial alternativo que conecte la antigua carretera de Bilbao con la plaza de los autobuses— el casco histórico seguirá sin despegar.
Sin esa reordenación del tráfico, cualquier intento de revitalización será parcial, frágil y condenado al corto plazo. La Puebla Vieja no necesita más parches ni anuncios: necesita una decisión estructural que la devuelva a los peatones, a la vida cotidiana y al futuro.
A ello debe sumarse un urbanismo funcional y coherente, que piense la ciudad para vivirla y no para anunciarla: un parking disuasorio en la entrada de la villa, ubicado en las alamedas del Corro y Manuel Llano, frente al Ayuntamiento y junto al Colegio Villa del Mar; la aprobación de un nuevo Plan General que consolide el tejido urbano existente; y el desarrollo riguroso de suelo industrial que permita generar empleo estable y fijar población.
Tercero, economía de doce meses.
Sin empleo estable no hay padrón que aguante. Laredo necesita diversificar: la economía municipal, pequeñas industrias, servicios ligados a los cuidados, digitalización comercial y un plan director de desarrollo económico y turístico que piense más allá del verano. La colaboración con la cofradía, el impulso a productos locales como las anchoas que tanto trabajo aportan y la simplificación de trámites para atraer actividad son claves para fijar población.
Algo que, desde luego, no se consigue con una página web municipal anclada en la prehistoria digital, opaca, desactualizada y diseñada como un laberinto de desinformación en el que el ciudadano se pierde cada vez que intenta acceder a un servicio o a una información básica.
Cuarto, medio ambiente como valor de presente y futuro.
El entorno natural no es solo paisaje: es identidad y oportunidad. Proyectos europeos para regenerar el sistema dunar, recuperar El Puntal y El Regatón, crear sendas, carril bici, huertos ecológicos y espacios educativos ambientales convierten a Laredo en un lugar más saludable y atractivo para vivir, no solo para visitar.
Mientras no asumamos que la gran obra del saneamiento y el subfluvial es una infraestructura esencial para el futuro de Laredo, no entenderemos por qué la bandera azul sigue estando lejos, a pesar de que nuestras playas son la joya de la corona del municipio. Sin un saneamiento moderno, eficaz y definitivo, no hay calidad ambiental sostenible ni reconocimiento internacional posible, por muy privilegiado que sea nuestro litoral.
Por lo que las obras de saneamiento de las marismas no es una opción, es una obligación y una reivindicación que realizamos desde Unidos x Laredo.
Quinto, comunidad local e integración
Cantabria crece gracias a la migración, y Laredo no es ajeno a esa realidad.En UxL lo llevamos en el programa y en nuestro ADN: «UNIDOS» x Laredo.
Integrar no es un discurso: es una infraestructura social. Planes municipales de integración, refuerzo de servicios sociales, atención a mayores, transporte urbano eficaz y espacios culturales y juveniles activos todo el año construyen pertenencia. Una ciudad con vida cultural, deportiva y asociativa constante es una ciudad que retiene población
El Padrón como reato colectivo
Una ciudad no son sólo calles; son historias. El padrón —frío en apariencia— cuenta quién se queda, quién se va y quién llega. Hoy Laredo está justo en ese punto donde la demografía se convierte en política municipal pura: o construimos una ciudad habitable los 365 días, o seguiremos siendo un lugar magnífico para venir… pero no siempre para quedarse.
¡Feliz Navidad y próspero año para Laredo¡


















