En Laredo vamos al revés de la tónica predominante en muchos lugares del mundo donde detectan lo que se avecina ante el palpable cambio climático y las altas temperaturas. La vida urbana requiere de arbolado y de grandes extensiones de superficie verde frente a los nuevos comportamientos del clima en un contexto de crisis climática y extractivismo urbano. El problemas, como sucede en este municipio pejino, es que quienes gobiernan las ciudades se niegan a discutir la crisis climática y por supuesto a reconocer los cambios palpables que se están produciendo. Y viven a espaldas de este fenómeno tangible y evidente.Todo apunta a la necesidad de pensar, sin mayores demoras, en infraestructuras verdes en núcleos urbanos que demandan lugares de sombra para cobijarse con abundante arbolado y reducción de las grandes extensiones de cemento. El cambio, en definitiva, a las políticas erróneas de configurar y concebir las ciudades.
Durante estos tres últimos años estamos asistiendo en Laredo a la progresiva reducción de los espacios verdes en detrimento del medioambiente local. Se sitúan tramos de carril bici en dos de las alamedas más importantes de la villa(Manuel Llano y El Bosque), además del situado en Carlos V. De otra parte, no deja de sorprender negativamente la eliminación sistemática de lo verde en actuaciones que está ejecutando este alcalde como las llevadas a cabo en la alameda de Miramar, donde se absorbe un trozo de alameda en todo su perímetro para hacer más grande la acera(una manifestación ciudadana evitó un desaguisado mayor con la tala de árboles y habilitación de aparcamientos) o en la propia alameda de Manuel Llano donde la colocación de una extravagante y gigantesca tejavana metálica ha permitido “comerse” un trozo de verde ampliando la placa de cemento allí existente y donde estuvo ubicado el legendario kiosco, lamentablemente derribado hace más de cinco décadas. Tampoco podemos obviar el gran impacto visual y asfixiante, en el plano medioambiental, de la cubierta de la bolera “El Corro” tras modificarse el proyecto anterior. En verano y en otros períodos vacacionales se colocan las barracas en “El Bosque” machacando el césped y dejando profundos surcos y hoyos en el suelo. Lo espectacular supera, en la actuación de estos políticos, a lo práctico y necesario.
Todo esto sucede en un municipio que fue envidia en la región por sus espléndidas alamedas, prácticamente desaparecida la de “El Corro”, con la construcción del Instituto Bernardino de Escalante, la estación de autobuses y el horroroso edificio de Telefónica. Tampoco, sobrevive en toda su magnitud la extensa superficie que en su momento tuvo la alameda de El Bosque, con la construcción del Colegio Villa del Mar y anteriormente, en la década de los cincuenta del pasado siglo, los chalés y viviendas de San Lorenzo. Así, las cosas era muy necesario mantener lo que todavía perdura. Y no deteriorarlo de la forma como se ha hecho.
Y en esta situación de emergencia, que afecta a muchos Ayuntamientos, no sólo no se están adaptando las ciudades a los nuevos tiempos, sino que están apostando doble al cemento y al asfalto. Talan árboles, urbanizan entornos sin cobertura vegetal, olvidan los refugios climáticos y parques… Se olvidan de la salud de las personas. La solución pasa por adaptar los entornos urbanos al cambio climático, aplicando soluciones basadas en la naturaleza de forma urgente. Hacen falta más zonas verdes. Hacen falta más árboles. Los espacios verdes en las ciudades, los árboles en las calles, reducen la temperatura y mejoran la salud física y mental, además de servir de refugio a personas y animales ante las temperaturas extremas. Los espacios verdes salvan vidas. Y hubo un tiempo en que así se entendió en Laredo con la plantación de cantidad de árboles que están siendo de mucha utilidad en estos tiempos de grandes calores. Sin embargo, hoy en día observamos un drástico cambio de tendencia con muchos alcorques vacíos, entre ellos una larga hilera en la Avenida de Enrique Mowinkel y en otros puntos del Ensanche y una especie de rechazo a lo que fue santo y seña de Laredo..
Mientras la crisis climática se agrava y convierte las ciudades en hornos urbanos, muchos ayuntamientos de nuestro país se dedican a empeorar el problema transformando los barrios en islas de calor sin árboles, zonas verdes ni espacios de refugio para la ciudadanía. Un ejemplo que produce escalofríos entre los viandantes es la remodelación de la zona de parques de “Los Tres Laredos” esquilmando el verde para colocar una horrorosa plataforma de color azul(de las gaviotas al color favorito de la casa) en un canto a lo feo en estética y un atentado contra el medioambiente. La crisis climática y las cada vez más frecuentes olas de calor son ya una realidad. Las ciudades de nuestro país se han construido y se siguen construyendo de espaldas a esa realidad. Y así continúan. Sufren el efecto “isla de calor urbana” debido a un entramado de cemento y asfalto, muchas veces sin árboles, que provoca que la temperatura pueda ser entre 8 y 10 grados superior a las que se dan fuera de las ciudades. Todavía estamos a tiempo de mejorar las cosas con actuaciones en sentido contrario, si de verdad existe sensibilidad ante este problema. Pero, qué vamos a pedir en Laredo a un Equipo de Gobierne que tiene el medioambiente como una “maría”, es decir asignatura de poca importancia o fácil de aprobar, como lo demuestran las contadísimas ocasiones en las que se ha reunido la Comisión informativa del ramo en estos más de tres años, síntoma de que esta materia tiene nula consideración en el Gobierno municipal que preside Miguel González. Y así nos va.
El problema ha llegado hasta tal punto que, incluso algunos municipios, están buscando soluciones alternativas, porque no solo debemos obrar de otra manera de cara a futuras actuaciones, sino echar la vista atrás, retroceder y corregir. Barcelona, tiende a la recuperación de calles, plazas y espacios urbanos para convertirlos nuevamente en suelo vivo, árboles y áreas verdes. El objetivo es claro: combatir las olas de calor, reducir el riesgo de inundaciones y hacer la ciudad mucho más agradable para vivir. Y es que cuando el suelo queda cubierto por asfalto y hormigón, el agua de lluvia ya no puede filtrarse, el calor se acumula y desaparecen los hábitats para aves, insectos y otros pequeños animales. Al retirar parte de esas superficies impermeables, la lluvia vuelve a alimentar el suelo, los árboles refrescan los diferentes espacios urbanos y se mejora el nivel de vida. Ese es el camino y no otro el que se debe de tomar en Laredo ante nuevas actuaciones municipales y no funcionar en sentido inverso. Menos cemento, que sí que es cierto que engorda los presupuestos de obras, y más verde. Más fuentes donde refrescarse y más servicios destinados a los convecinos en estos lugares de ocio y convivencia.
Decía la etóloga inglesa Jane Goodall que «lo que hagamos hoy afecta a las generaciones futuras, y debemos asegurarnos de que tengan un mundo habitable».


















