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79 Los domingos, cavilar: Amor

79 Los domingos, cavilar: Amor

Por Fernando Merodio | 18/11/2019

"Tu madre y yo hemos pasado por mucho, pero esto es nuevo" (Jean Louis Trintignant en "Amour" de Michael Haneke)

Michael Hanecke, que me desazonó en "Das Weibe Band -La cinta blancaUna historia alemana para niños", al explicar con crudeza que, aniquilando toda posible inocencia, el germen del mal se asienta en cualquier lugar, incluso, entre las dos guerras, en un grupo de niños de un pequeño pueblo alemán, al tiempo que se incubaba el huevo de la serpiente nazi, me emocionó con "Amour" -Amor- la más real, hermosa y terrible película que recuerde sobre tan humano -y gratificante- sentimiento.

Es la austera historia de una pareja, un culto matrimonio de ancianos, profesores de música jubilados al que, al tiempo de la inevitable vejez, golpea el no inhabitual padecimiento que acompaña a la enfermedad, que en el film toma forma de hemiplejia en la mujer (Emmanuelle Riva) y hace que el hombre (Jean Louis Trintignant) se queje conmovido a la hija de ambos, "tu madre y yo hemos pasado por mucho, pero esto es nuevo" y permite a los espectadores visitar los hermosos, recurrentes y, a veces, tenebrosos rincones en que se concentra el perfume del amor que Haneke extrae del hondo roce humano de dos seres a los que el tiempo ha permitido conocerse de un modo sólido y profundo, muy alejado del de los juveniles, fugaces y veleidosos deseos y enamoramientos.

A quien valore el tiempo como germen del amor le habrá repelido una reciente y llamativa escena padecida por todos, el ridículo y desparejado abrazo de Pedro, inexpresivo por estar de espaldas, y Pablo, colgado y, como la canción de Gloria Trevi, con los ojos cerrados, dos hombres con ideales pintiparados para lo que hacen y los peores estigmas de jovenzuelos latosos sin otro mérito que escasos saberes, dosis importantes de labia adquirida en escuelas ad hoc e insoportable ambición de poder, per se en estado puro la del primero y para pagar un chalet con piscina -o algo más- el otro y su inherente -émula de Elena Ceaucescu- mujer; mientras Haneke nos muestra el profundo amor de dos ancianos que andando juntos han hecho el camino que, con dificultad y dolor, están acabando, Pedro y Pablo, dos mozuelos travestidos apóstoles con las llaves de nuestro futuro, dicen -en falso- querer andar también juntos, con la inquietante peculiaridad de que -si llegan a andar algo, Marx lo impida- el camino que hagan llevará al resto -excepto a quienes no sigan a los dos flautistas- al corazón de unas muy densas tinieblas; vivimos tiempos que demandan hombres, no diletantes.

La muy publicada imagen era, cierto, ridícula, ¿qué celebraban dos indigentes que se odian y, además, pierden votos? En mi primer, lógico enojo, lo atribuí a un súbito y emocionado ataque de pasajero juvenil amor, pero pensé en Riva y Trintignant y, avergonzado, lo cambié de inmediato por sucedáneo de fogoso sexo y no era ni eso, siendo El Roto, siempre, quien el día 14, con cuatro gráficos trazos y ocho palabras, me abría los ojos: "Parecía que se abrazaban, pero era para no caerse".

La degradación permite que los dos tambaleantes encabecen lo que ahora dicen "izquierda" o, lenguaje perverso, "progresismo", "progresista" o "progreso", conceptos que la nueva pareja repite hasta provocar nauseas, abducidos por los dueños de los medios censores que, sin significado preciso, los utilizan como cajón de sastre en el que guardan -para sacarlo cuándo y cómo les conviene- lo que para ellos es positivo, un avance, olvidando -para hacerlo, tendrían que leer- lo que en gente seria genera la sustitución de la izquierda y sus organizaciones sociales por "progresistas" partidos burocráticos y organizaciones subvencionadas que solo transigen, pactan, ceden,..., la clase obrera ante el capital, el contrato social ante la avaricia del terruño egoísta, la libertad de expresión ante la dictadura de los medios de comunicación, la ciencia ante la opinión insolvente, el medio ambiente ante el "crecimiento" sin control,..., y, por ser así, quien conozca un poco la historia rechazará que se quiera insultar al más cutre y populista de la nueva pareja diciendo que es comunista, con lo que se insulta a la más respetable parte de quienes en la historia han luchado por la libertad igualitaria.

Vamos a situarnos, en 1750 se expandían las ideas de la Ilustración, plasmadas en 1775 en la Encyclopédie por Diderot, d'Alembert, Voltaire, Rousseau,... con el estallido que, cuando concluía el siglo, fue la Revolución francesa, Robespierre, Danton, Marat, Desmoulins,..., el triunfo de la Razón republicana sobre el irracional Ancien Régime, y en 1848, cien años después, cuando se tambaleaba la parte igualitaria de aquella revolución, Marx y Engels daban un nuevo paso en dirección contraria a la explotación del hombre por el hombre con el, aún vigente, Manifiesto Comunista, sólida base política, filosófica y económica del comunismo/socialismo -no pensar en la PSOE- para hacer frente a la clase que, contraria al igualitarismo francés, pretendía sustituir -y sustituiría- a la nobleza en la explotación del resto; pasados más de ciento setenta años desde el Manifiesto, los hechos -muchos de ellos heroicos- de quienes, más o menos fieles a aquellas teorías, dieron cuerpo físico, político y social al viejo fantasma, están en los libros, en la historia, vituperados o ensalzados; que cada cual los valore.

Aquí ahora no corren buenos tiempos para ellos, sus errores, unidos a los abusivos ataques -especialmente virulentos e interesados desde, lógico, el capital-, han provocado su casi total desaparición; Eric Hobsbawm, historiador marxista fallecido hace poco, escribía que “hoy el comunismo está muerto; la URSS y la mayoría de Estados y sociedades construidos sobre su modelo, hijos de la Revolución de Octubre de 1917 (...) se han derrumbado, dejando tras sí un paisaje de ruina económica y moral, (...) resulta evidente que el fracaso formaba parte de esa empresa desde un principio”, si bien advierte que “el comunismo está vigente como motivación y como utopía“, debiendo mantenerse viva su búsqueda, pues la humanidad no puede prescindir de los ideales de igualdad, libertad y justicia, ni puede ignorar a los que dedicaron -y dedican- su vida a esa pelea; hay que hacer camino al andar, avanzar y tras las equivocaciones, retroceder, buscar y volver a andar, como dice Hobsbawm.

Sabido que aquí solo estamos un rato, es humano y lógico el interés por no dejarse engañar, ni perder el tiempo escaso y posición inicial correcta buscar la igualdad en una sociedad sin clases, algo que, evidente, nos enfrenta a los -muy pocos- que mandan y se benefician de las diferencias, conviniendo reseñar que Marx no propone utopías, sino teoría científica con razonables posibilidades prácticas, por lo que antes luchaba "el partido" con su mezcla de disciplina, eficiencia en la tarea, identificación emocional y dedicación total y el añadido, para Hobsbawm, de " llevar a cabo lo que otros no hacían”, por lo que si, con Alain Badiou, aceptamos que se ha agotado la identificación de política y Estado, que la caída del Estado-partido del Este, como la más reciente del Estado-partidos del Oeste, por su casi nula eficacia emancipadora, uno desde un punto de vista revolucionario y el otro desde el de la mera utilización del Derecho, nos lleva a que, “tanto en los países del Este como en los del Oeste, la historia de la política comienza apenas y la ruina de toda presentación estatal de la verdad inaugura este comienzo”. No aceptarlo sería creer que los dos del tambaleante ridículo abrazo -¿alguien los ve personalmente fiables?- van arreglarnos lo de que Europa no nos entregue ni un solo político delincuente -quizás el TS debiera explicar qué pasa-, el calentamiento global, la desigualdad y el paro, el informe PISA, que el más alto haya vaciado la hucha de las pensiones, la corrupción rampante,...

Coda final de "amor progresista".- El concejal en Santander de UP -en femenino, ajeno al PCE-, cuyos planteamientos de fondo son homologables a los de PP, PSOE, Cs, PRC,... ofrece -política- a los dos de Cs que, si "recapacitan", "reflexionan", "se replantean",... y traicionan -¡ay, IU!- sus pactos, él -¿solo?- les garantiza, "mayor margen de actuación" y "proyectos propios" ¿Qué vale el compromiso político previo, el contrato social comparado con el muy moderno "amor progresista"? 

 

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