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64 Los domingos, cavilar: La zona gris

64 Los domingos, cavilar: La zona gris

Por Fernando Merodio | 05/08/2019
64 Los domingos, cavilar: La zona gris
Fernando Merodio
 “La ascensión de los privilegiados no sólo en el Lager sino en todo lugar de convivencia humana es un fenómeno angustioso pero inevitable; solo en las utopías no existe. Es deber del justo hacer la guerra a todo privilegio inmerecido, pero sabiendo que se trata de una guerra sin fin" (Primo Levi. "Los hundidos y los salvados").
La sociedad ultraliberal -que dicen Estado Democrático de Derecho y Progreso- no es, de acuerdo, un campo de concentración, pero en los aspectos determinantes, en lo que afecta a la toma de decisiones, a dar y recibir órdenes esenciales, se le parece mucho; veámoslo desde la práctica que, como inquilino forzado del Lager, tuvo de su armadura de funcionamiento Primo Levi... y que cada cual saque consecuencias
El pasado jueves hubiera cumplido 100 años el autor de la angustiosa "trilogía de Auschwitz", que iniciaba con "Se questo è un uomo", "Si esto es un hombre" (1945), prolongaba con "La tregua" (1963) y cerraba con "I sommesi e i salvati", "Los hundidos y los salvados" (1986), testimonio este último que se abría con cuatro estrofas del poema de S.T. Coleridge "The Rime of the Ancient Mariner", "La balada del marinero de antaño": "Desde entonces, a una hora imprecisa / Esa agonía regresa: / Y hasta que se difunda mi horrible historia / Dentro de mí el corazón abrasa", reflejo de la humana obsesión, el ansia de descargarse explicando lo vivido en el Lager.
Afecta y empuja a reflexionar la inculpatoria advertencia que inicia esta cavilación y, más si cabe, la forma en que Levi la completa: "Donde hay poder ejercido por pocos, o por uno solo, contra muchos, el privilegio nace y prolifera, aun contra el deseo del poder mismo; pero es normal que el poder lo proteja y estimule", para a continuación realizar una taxonómica y -para él, supongo- muy dolorosa descripción de la que llama "zona gris", que consolidaba el inicuo abuso de un poder absoluto.
Dolorido experto práctico en la materia, describe tal malvado ámbito como zona "de contornos mal definidos, que separa y une al tiempo a los dos bandos de patrones y siervos", con una (i)lógoca interna tan complicada que dificulta juzgarla, si bien él tiene claro que cuanto más reducido es el territorio del poder más precisa del apoyo externo, no sólo mano de obra, también supervisores, voceros, delegados, fuerzas de orden,..., siervos -por lo que sea- afines, que cuanto más dañina es la opresión "más extendida sienten la buena disposición para colaborar con el poder", distribución servil oculta tras matices, motivos o disculpas: terror, seducción ideológica, imitación sumisa, miope ansia de poder, vileza, cálculo egoísta para esquivar ordenes y reglas establecidas molestas,..., de forma que esos vasallos pudieran simular que la culpa máxima recayera sobre el sistema y dificultar la visión de la suya, colaboradores individuales, que en el Lager "formaban una fauna pintoresca: barrenderos, lavaplatos, guardias nocturnos, hacedores de camas, localizadores de piojos y sarna, mensajeros, intérpretes, ayudantes de los ayudantes; en términos generales, pobres diablos (...)" que "por medio litro de sopa  suplementario, se amoldaban a realizar estas y otras funciones 'mediadoras'", miserables que culminaban en los más peligrosos, los Kapos, que en el Lager nazi ocupaban las posiciones administrativas más bajas, directamente dañinas y represivas con sus compañeros de desgracia y la especial repulsión de los Sonderkommanden -comandos especiales-, mayoritariamente judíos, esos sí que muy cuidadosamente elegidos, que hacían los trabajos del traslado (in)humano a las cámaras de gas y, finalmente, tras haberles arrancado sus posesiones de algún valor, como los dientes de oro, arrojar los restos a los crematorios.
Se cumplía en todos los miembros de tal siniestra Zona gris la doble función de evidenciar que lo que hacían los nazis podía hacerlo cualquier otro, incluso los judíos, sus víctimas, y ser, además, personalmente humillados; situación que hizo que, en su magnífica crónica periodística, convertida en el libro "Eichmann en Jerusalén", sobre el juicio a Adolf Eichmann, Hanna Arendt, judía, reflexionara sobre la "banalidad del mal" -cualquiera de nosotros, aparentemente normal, apoyándose incluso en el estricto cumplimiento de la ley, puede ser capaz de cometer los más enormes males o atrocidades- o que el propio Primo Levi valorara que quienes de forma irracional y para él incomprensible le maltrataban cruelmente pensaban, quizás, estar simplemente haciendo su sucio trabajo de todos los días
Pensadores como Giogio Agamben, han escrito sobre la perenne actualidad del Lagersocial y hacen que en el momento actual empezamos a tomar conciencia de estar siendo empujados a una situación extrema de hecatombe del planeta -quizás menos inhumana, pero cuantitativamente más dañina para todos incluso que el Lager- en un irracional y dispar enfrentamiento contra la indomable naturaleza por el abuso en la egoísta mentira continua del 1% que ejerce el real poder absoluto, asentado en el robo que es la acumulación capitalista, acentuando su relevancia en nuestra injusta y desigual sociedad mediante una "zona gris" semejante y tan necesaria para los usurpadores actuales de ese poder absoluto como lo fue para Hitler a la que, a ras de suelo, manejaba el funcionamiento social del Lager en forma de mano de obra barata, insegura y casi gratis que incluye administradores, voceros, delegados, fuerzas de orden,..., la fauna de, metafórica, de los barrenderos, lavaplatos, guardias nocturnos, hacedores de camas, localizadores de piojos y sarna, mensajeros, intérpretes, ayudantes de los ayudantes, en términos generales, pobres diablos (...) y, sobre ellos, los viejos Kapos que, por un plato un poco más lleno de sopa caliente, un smertphone de última generación, un coche aparente, un viaje barato en avión para hacer daño lejos,... ejecutan lo más sucio del sucio trabajo, hasta lo más siniestro de la escala de la iniquidad, los odiosos Sonderkommanden, que quien piensa detecta por ahí.
La existencia del Lager nazi aun hoy la niegan algunos, Trump seguro, y son muchos los que, ocultos tras muchos matices, disculpas: miedos, seducción ideológica, ansia miope de poder, imitación sumisa, vileza, cálculo egoísta para esquivar ordenes y reglas molestas,..., minimizan hasta anularla la evidente amenaza del calentamiento global, la destrucción del planeta,..., actuando al servicio del capital que lo causa, como, evidentes, lo hacen en sus pamemas que simulan debates Sánchez e Iglesias, nadie enfrentado a nada, restos del naufragio de lo que fue la izquierda; mientras, aun más evidente, PP, Cs, Vox, PNV, CDC o como ahora se llame, ERC, PRC,..., todos parecidos, son destilación de egoísmo en estado puro. El camino, fuera de la terrorífica y extensa, muy extensa Zona gris mundial, lo marca una niña autista, Greta Thunberg: ¡¡¡cambiar el sistema!!! y, por encima de ello, no dejarse engañar como los cuatro jóvenes que en La Magdalena hicieron la ola a la ministra, al consejero y sus paniaguados de la Zona gris que hoy es la PSOE,...; mentían esos jóvenes cuando decían intervenir en nombre -ajenos a su fondo y forma- de Fridays for future y, acríticos y poco rigurosos, exhibiendo un catálogo de lugares comunes propio de subvencionados, abrían el camino a que sean los de siempre, Iberdrola, Viesgo, Endesa, Repsol, REE, Siemens Gamesa, Vestas, ACS,..., apoyados por los políticos de nuestraZona gris,  quienes continúen destruyendo el mundo a su conveniencia.
En España, quienes ya han cumplido los 70 años, la "memoria histórica", conocen laZona gris que aquí forzó Franco, su antigüedad, su enorme extensión y profundidad, el colosal número de sus miembros y, pues hoy vivimos un momento crítico, decisivo en verdad para el -dudoso- futuro, es ineludible que ellos empujen a generar la luz que convierta en polvo a quienes, succionadores vampiros de la peor laña, se aposentan, con sus hijos, en una hoy amplísima Zona gris, y ayuden también a formar taquígrafos que levanten acta de lo que aquí ahora ocurre y lo difundan, desmontando lo que montan, siniestros y grises, los medios de (in)comunicación.
 
 
 
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