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Ni un paso atrás en la lucha contra la violencia de género

Ni un paso atrás en la lucha contra la violencia de género

Por Gabriel Gómez Cano | 05/01/2019

Mientras algunos partidos políticos se miran al ombligo y hablan del sexo de los ángeles, tratando de conseguir la cuadratura del círculo, una joven de 26 años moría en Laredo  a golpe de puñaladas  propinadas de forma cruenta y cruel  por su compañero. Un  crimen más del que es víctima una mujer, hecho constatado   y repetido en todas las estadísticas habidas y por haber,  por muchas conjeturas y memeces que diga  un funambulista partido de extrema derecha que, viene con ínfulas de ser influyente en la política  española, y que ahora, con la vista puesta en Andalucía, quiere agarrar por los testículos  a unos partidos, fundamentalmente, al Partido Popular, del que es originario, en su alocada carrera hacia el poder sea cual fuere el precio. No importa. El fin justifica los medios que diría Maquiavelo.

No todo vale en política. Y es asqueroso y repugnante   que, por intereses de poder,  se trate ahora de introducir una polémica  artificial, planteando  otras denominaciones, cuando los datos son incontestables. Quienes preferentemente  sufren esta barbarie asesina  son las mujeres, de las cuales 47   fueron asesinadas en 2018 y una  en lo que va de año. Se pretende cambiar términos en una temeraria confusión para hablar de violencia doméstica.Introducir otros  hechos también delictivos para ensombrecer  la violencia hacia las mujeres que es mayoritario.No encontramos, sin embargo, una estadística oficial sobre hombres asesinados por sus parejas o exparejas porque la problemática social no existe .Por ello se deben buscar los datos en otros informes.
Estas triquiñuelas y picardías  de algunos ocurrentes políticos para que no se les escape  la oportunidad de mandar, hacen mucho daño  al sentimiento generalizado   de repulsa que en estos momentos existe en España  frente a la violencia de género, mayoritariamente sufrida por las mujeres  y que en algunos casos han afectado a sus  hijos como consecuencia  de las acciones delictivas de sus  cónyuges o compañeros. La unidad es  necesaria e imprescindible  y no es bueno desviar la atención  y perder de vista  el execrable reguero de muertes  y el martirio  de muchas mujeres, en el día a día,frente al verdugo  acomplejado y  sanguinario.

No son, efectivamente, términos sinónimos violencia de género y violencia doméstica, por mucho que, algunos, como el líder del Partido Popular, Pablo Casado,por intereses políticos inconfesables, se empeñen  en propagarlo a los cuatro vientos, ahora que les conviene. Sucede que los avances  que en los últimos tiempos  se han producido  en el ámbito de la mujer  y en defensa de sus derechos,  además de la propia lucha contra esta lacra  de la violencia de género, ha generado  una desmesurada  y brutal reacción del conservadurismo. Con ello se busca esconder la violencia  contra las mujeres, entre otras violencias, de forma que se desconozca, en toda su profundidad, la verdadera dimensión   de una  y de otras.

El asesinato es la  culminación, aunque en muchos casos no se denuncie,  de una cultura del maltrato  con el hombre como ser superior frente a la mujer, el denominado machismo, que tiene episodios violentos todos los días en hogares españoles. Unas denuncian los hechos y otras, desgraciadamente no. Lo soportan estoicamente  hasta que esa virulencia en el comportamiento  del varón hace saltar por los aires  una vida humana y difícil es la ruptura porque no la soportan y en ocasiones es la causa de los magnicidios. La maté porque era mía.
 

Frente a esa corriente  durante  el franquismo  y en años posteriores  de tapar estos hechos, de modificar la realidad de un puñetazo con una caída accidental, o esa estúpida  respuesta familiar a la  agredida de “algo habrás hecho” tienen que formar parte de una historia  truculenta  del pasado felizmente superada  y de los episodios de horror  de antaño. Existe una violencia machista, constatada, y un avance de la sociedad sensibilizada por estos hechos, que no pueden parar los fantasmas del pasado.

Y una cosa importante. Quienes mercadean votos y poder político con esta  lacra de la violencia de género como fondo de sus negociaciones,  y no pegan un portazo frente a las  peticiones de la extrema derecha, mejor que se marchen de la política, más pronto que tarde, porque el mal que  están causando es tremendo y manchado de sangre inocente. Ante la violencia de género, ni un paso atrás.

 

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