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Carlos V o Isabel la Católica

Por Crónicas De La Villa De Laredo Por El Niñu Del Cantu | 16/09/2018

Diecinueve  ediciones  se cumplen ahora  de la celebración en Laredo  del “Ultimo Desembarco  de Carlos V”.  Como en la historia,  que los hechos  se produjeron de una manera y pudieron ser de otra,  también en la creación de esta fiesta  en un lugar  plagado de visitas de monarcas, dictadores, notables republicanos y otros, la celebración pudo ser diferente. La propia vida de  José María de Orense, Marqués de Albaida, primer presidente de las Cortes Constituyentes de la Primera República,  parece que está hecha para la recreación histórica por parte de sus paisanos.

Quizás la propuesta de recordar, hace ahora diecinueve años,   la presencia de Carlos V en Laredo, venga precedida de un mayor conocimiento histórico del personaje,  aunque una figura, como la de su abuela, Isabel la Católica, artífice de la unidad de los Reinos de España,  tampoco hubiera sorprendido su conmemoración  en  esta villa, máxime cuando la reina recibió con motivo de su estancia en el municipio a una de las principales figuras del Descubrimiento de América, el cartógrafo santoñés, Juan de la Cosa. Además la regia estancia  fue más prolongada en tiempo que la de su nieto Carlos, un mes aproximadamente.

En el mes de agosto de 1496(algunos  consideran que a finales de julio),  Isabel I  de Castilla vino a Laredo, acompañando  a su hija Juana “la Loca” que se iba a casar  con Felipe “el Hermoso”. Entró la comitiva regia, a caballo, por el muelle del Pelegrín, o sitio del Paso,  saliendo a recibirles el Cabildo de la iglesia y vecinos con pendones, tocando las campanas de la Parroquia de Santa María y adornándose  con alfombras y tapices  los balcones y ventanas de las casas. La reina y  la princesa se alojaron, junto al príncipe Juan, en una vivienda propiedad del Condestable de Castilla existente al final de la calle de San Marcial, justamente a la derecha. Desde allí, madre e hija acudían todos los días  a misa adornándose los reclinatorios  de los regios huéspedes  con las capas de terciopelo que existían entonces  y que fueron sustraídas a principios del pasado siglo,  junto con el terno que regaló Carlos V. La reina Isabel tenía entonces cuarenta y cuatro años, era de  elevada estatura  y de agradable rostro.

Pero, hay un hecho histórico muy relevante de esta visita de Isabel la Católica a Laredo, por cuanto recibió en la villa pejina  a Juan de la Cosa. El motivo de la audiencia concedida  por la reina tenía relación, según se recoge, en una carta de su Secretario, Juan de la Parra, al Obispo de Badajoz, con la indemnización  concedida por la pérdida de la nao Santa María, propiedad del cartógrafo santoñés, que encalló el día de Navidad en las costas de Cuba.

Esta visita de Isabel I a Laredo, viene recogida igualmente por Lorenzo Galindez de Carvajal en sus “Anales breves del reinado de los Reyes Católicos”, cuando dice en el apartado correspondiente al año 1496: “Estuvieron los reyes hasta Pascua Florida en Tortosa, desde donde partieron después de Pascua para Almazán, y estuvieron hasta mediados de julio, y de ahí partió el rey para Girona, y la reina se fue a Burgos y a Laredo, para enviar a la archiduquesa para Flandes.

Se trata indudablemente de una visita más  prolongada con respecto a la de Carlos V, de hondo calado histórico, por  el propio motivo de la  presencia en la villa pejina, que no era otro  que despedir a la archiduquesa Juana   que partiría  hacia Flandes para encontrarse con su futuro esposo Felipe “el Hermoso”. Una potente flota, mandada por el almirante Fadrique Enríquez, se encontraba amarrada en el puerto de Laredo y estaba compuesta  por dos buques de mil toneladas cada uno, con quinientos hombres; dos naos de cuatrocientos toneles; seis naos de trescientos toneles; cuatro naos de doscientos toneles y cuatro carabelas rasas, equipadas de remos, haciendo un total de veinte buques, con tres mil hombres, sin contar la servidumbre de la princesa. El día 22 de agosto de 1496 , la reina Isabel despidió, a bordo de una de las naves, a su hija, y cuentan que, al regreso, en un bote, al puerto, no pudo hacerlo por la boca del muelle, debido a la poca anchura que tenía-unos veinticinco metros- y al fuerte oleaje, viéndose  en la necesidad de dirigirse a la playa; más, por no mojarse, se dejó conducir a la orilla en brazos de un marinero de Laredo, ante el asombro de sus cortesanos.

Con motivo de su estancia en Laredo, la reina, y entre otras muchas gestiones realizadas y firma de documentos,  extendió el día tres de agosto el título de Cedillo(conde) y el 25 mantuvo negociaciones con Inglaterra. El día 18 escribió una carta a Colón, agradecida de las indicaciones que éste le  había hecho con motivo del viaje.

Se trata, además, de un personaje, la reina de Castilla, fundamental  en la propia historia de España y en el Descubrimiento del nuevo mundo, de fuerte carácter y de grandes conocimientos. Durante las campañas militares de Fernando, la reina estuvo siempre en la retaguardia, acompañada de sus hijos y pendiente de proveer lo necesario. Su ayuda fue decisiva para la victoria castellano-aragonesa en la guerra de Granada, como lo demuestran los hechos de la rendición de Baza (Granada). Sucedió que la ciudad llevaba cercada bastante tiempo pero la población no quería rendirse y los soldados cristianos comenzaban a desmoralizarse por el largo asedio. El rey Fernando pide a su mujer que se presente en el campo de batalla para levantar la moral de las tropas. Así lo hace Isabel, haciéndose acompañar de varias damas y de su primogénita Isabel. El impacto de su presencia fue inmediato, no sólo para las tropas cristianas, sino para la población asediada que inició su rendición, pero no ante el rey guerrero, sino ante la valerosa reina. Además, Isabel fue la precursora del Hospital de campaña, al hacerse acompañar de personal médico y ayudantes para atender a los heridos en el campo de batalla. Creyó en los proyectos de Cristóbal Colón, a pesar de las muchas críticas y reacciones políticas adversas de la Corte y los científicos. Durante el reinado común con Fernando se produjeron hechos de gran trascendencia para el futuro del reino.

Por estos y otros motivos,  tampoco   sería de extrañar que la propuesta elevada en su día de recreación histórica hubiera tenido nombre de mujer, por la  relevancia  de esta reina  en la época, por una  dilatada estancia en Laredo, por su figura de mujer de Estado  y por las trascendencia que para la historia tuvo  el matrimonio de su hija Juana  con Felipe el Hermoso, motivo de la visita, además de ser una castellana de pura cepa en contraste con un monarca, su nieto, calificado de “extranjero” entre sus coetáneos. De otro lado, resulta chocante, que teniendo  Carlos V una plaza  con  su nombre, en Laredo, y un busto  en la zona ajardinada colindante con la antigua Casa Consistorial,  ninguna referencia a la reina  Católica en el  callejero local. Quizás por su condición de mujer.

 Si el curso de la historia más reciente hubiera sido otro, posiblemente, en estos momentos,  en vez de hablar del “Ultimo Desembarco de Carlos V” el título de la escenificación sería el de “ Isabel la Católica en Laredo”. 

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