CONTACTO | PUBLICIDAD | TRANSLATE
Imagen no disponible

Cuando Dios haya desaparecido....

Por EUGENIO DE LA CUESTA | 19/02/2013

 

Cuando Dios haya desaparecido totalmente para los seres humanos”, aseguró Benedicto XVI hace cuarenta años, “experimentarán su absoluta y horrible pobreza. Y entonces descubrirán la pequeña comunidad de los creyentes como algo totalmente nuevo”. Esta frase del papa, pronunciada en una conferencia en la Universidad de Tubinga en el año 1968, encierra la verdadera clave de la reciente renuncia a dirigir la Iglesia.
Me temo que el papa Ratzinger, teólogo de indudable prestigio, no está sino siendo consecuente  con su trayectoria. Uno no deja de tener la impresión que, a estas alturas de su vida, cuando llega la hora decisiva, está haciendo un ejercicio de coherencia porque, como afirma en otro momento, en un futuro más bien inmediato, “La Iglesia se hará pequeña, tendrá que empezar todo desde el principio….”. Lo malo es que el principio a que alude, así como la continuidad,  no son muy aleccionadores.
Porque esa Iglesia no deja de ser muy terrenal a pesar de la pretensión de espiritualidad que se empeñan en adjudicarle. Su historia demuestra que el primer aspecto ha sido el predominante en el recorrido, y el segundo es muy difícil de mantener porque, sencillamente, “lo racional es real y lo real es racional”. Cuando el hombre comienza a ser mayor de edad, lo que no significa que sea necesariamente mejor, se cuestiona con mayor desparpajo una serie de principios que han enmascarado esa realidad con falsos razonamientos. El fondo del asunto es bien simple: si se cuestiona la nebulosa doctrina, o se intenta encontrar un sentido a lo que, casi por definición, resulta inexplicable, dogmas principalmente,  la Iglesia Católica se convierte en un referente, uno más, que pueda servir de guía de comportamiento que no sería diferente de lo que podría recomendar un supuesto Comité de Ética patrocinado por las Naciones Unidas. E. Kant lo explicó muy bien con sus categorías universales. No son necesarios milagros ni revelaciones que resultan incomprensibles para cualquiera que piense de buena fe. Y si ello es así, ¿qué tiene esa Iglesia de superioridad sobre otras organizaciones que pueden predicar lo mismo? Espero que se me entienda; ello no significa dejar de reconocer el mérito y la labor que muchas veces ejercita esa organización Me permito citar a Mark Twain, tan provocador, lo es en esta ocasión, pero tan lleno de fresca e inteligente ironía: “Fe es creer en lo que sabemos que no existe”. 
Quizás me esté atribuyendo funciones que no me corresponden pero, vistos los antecedentes, el papa, el hombre, se ha visto sobrepasado por un ambiente que le resulta imposible reconocer y, sobre todo, asumir como reparador del pobre hombre solitario en este mundo tan incierto.  El mismo papa, cuando ejercía de teólogo, lo dejó escrito en tiempos tan lejanos como 1977: “Para muchos la Iglesia se está convirtiendo en el principal obstáculo para la fe. Y no consiguen ver en ella nada más que la ambición humana por el poder”. 
Es tiempo de que el Obispo de Roma, el hombre, se retire a reflexionar y, si puede, disipar las dudas. Sólo el tiempo dirá si la renuncia del papa, la primera desde el siglo XVI, se limitará a traer una cara nueva o abrirá la ventana a la modernización de una Institución que sigue viviendo los cambios con enorme dificultad. Porque esos cambios, me temo, destruirán  la entidad tal como la hemos conocido hasta el momento. Y si ello es así, ¿qué puede ofrecernos, si ya no hay misterios que cuestionar?
 Debemos desearle lo mejor. Yo participo de ese sentimiento..
 
OTROS ARTICULOS DE ESTE AUTORVer todos
¿QUIERES RECIBIR LAS NOTICIAS EN TU EMAIL? ¡SUSCRÍBETE A NUESTRO BOLETÍN!

ACERCA DE

EL ECO REGIONAL
Telefono 696 53 03 45

informativosdiariodigital@gmail.com

Este sitio ha sido optimizado para Firefox e
IE 7 o superior. Conforme con:
HTML | CSS 3.0 | W3C WAI - AA