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La sostenibilidad de las Pensiones

Por Álvaro Martín Quijano Es Portavoz Adjunto De UPYD En Cantabria | 06/11/2016
Uno de los grandes asuntos donde más fácilmente se cae en la demagogia y en los argumentos tramposos es en las pensiones. Precisamente por ser un tema tan serio merecer ser tratado con todo el rigor posible. Máxime, cuando estos últimos años, y debido al devastador efecto de la crisis económica, más y más hogares viven (o más bien sobreviven) gracias a las pensiones de los abuelos de la casa. 
 
¿Y por qué digo que es fácil caer en la demagogia? Pues porque los diferentes partidos pretenden darle un sesgo ideológico a las pensiones, como si esta o aquella ideología fuera mejor o peor para la sostenibilidad de las pensiones. Y yo creo que no es así.
 
Un buen ejemplo es el Fondo de Reserva de la Seguridad Social (la conocida como “hucha de las Pensiones”). Creo que es bueno saber qué y para qué se creó este Fondo de Reserva. 
El Fondo de Reserva de la Seguridad Social se creó, en el marco del Pacto de Toledo, como un Fondo en el que depositar los excedentes de la Seguridad Social. Hablamos de los comienzos de la década de 2000, en plena ebullición de la burbuja inmobiliaria y donde España crecía a ritmos de récord, y donde había mucho empleo y muy bien remunerado. Estos excedentes, hasta sumar algo más de 60000 millones de euros, se debían utilizar en momentos en el que sistema fuera deficitario, como ha venido siendo desde 2012. 
 
¿Por qué ha sido deficitario? En primer lugar por la demografía. La población mayor de 65 años en España crece año tras año, y cada vez hay menos cotizantes por cada jubilado. Además, los nuevos pensionistas, afortunadamente, tienen pensiones cada vez más altas. En segundo lugar porque hay menos cotizantes por cada pensionista, y lo más importante, porque, al tener salarios más reducidos, sus cotizaciones son menores. Se da la paradoja que aunque desde 2014 el número de cotizantes en España ha crecido con fuerza, pero al ser con salarios tan bajos, esas cotizaciones no son capaces de sostener nuestro sistema de protección social. Es decir, cada vez harán falta más cotizantes para cubrir las pensiones de una población jubilada que va a seguir creciendo mes tras mes.
 
La Reforma Laboral del PP ha supuesto salir de la crisis con una “devaluación interna”, esto es, reducir los costes laborales para aumentar la competitividad de nuestras empresas y así poder vender más en el extranjero. Cierto es que nuestras exportaciones han crecido con fuerza, pero más cierto es que hemos creado una nueva clase social que está sustituyendo a la clase media. El conocido como “trabajador pobre” es una persona con un empleo cuyo salario es tan reducido que no le permite vivir dignamente, procurarse una vivienda, tener una familia… Como daño colateral, los salarios bajos conllevan cotizaciones sociales bajas, que como ya hemos dicho, no permiten costear las Pensiones.
 
Otro factor determinante es la demografía. La pirámide poblacional española ya no es tal, es un trapecio. Esto quiere decir que al no nacer niños y al tener (afortunadamente) una de las mayores esperanzas de vida del mundo, en España tenemos cada vez menos población activa. Y es fundamental dejar claro que las pensiones de nuestros jubilados las pagan los trabajadores en activo (el llamado “sistema de reparto”; las pensiones presentes se cubren con las cotizaciones presentes). Y si cada vez hay más pensionistas y menos trabajadores (menos jóvenes se incorporan al mercado laboral porque España es unos de los países con menor número de nacimientos del mundo) las cuentas no salen. 
 
La crisis de natalidad es un tema tan antiguo como ignorado por los diferentes gobiernos. Factores como el alto precio de la vivienda, la falta de perspectivas laborales para los jóvenes, o la emancipación tardía hacen que las mujeres sean madres cada vez más tarde. Y es que España nunca ha sido un país que se haya distinguido por verdaderas políticas que faciliten la natalidad, la conciliación de la vida laboral y familiar o el apoyo a las familias monoparentales. 
 
Todos estos datos generan un cóctel que explotará más pronto que tarde. Y cuanto antes lo aceptemos y nos pongamos a trabajar en ello, podremos encontrar las soluciones.
 
Ningún Gobierno, sea del color que sea puede garantizar el pago de las Pensiones por sí mismo. Que no nos engañen. O las Pensiones se pagan con las cotizaciones de los trabajadores o bien se pagan a través de los Presupuestos Generales del Estado. Y eso supone déficit. Y eso supone deuda. 
Y no hay que ocultar que ahora nos estamos financiando a tipos cercanos a cero debido a la política del BCE, que antes o después cambiará. Y cuando haya que financiarse a tipos de mercado, el servicio de deuda pública volverá a ser una de las partidas más voluminosas de nuestras cuentas. Y, tengámoslo claro, si hay que pagar el servicio de deuda pública, habrá que recortar en otras partidas: servicios sociales, infraestructuras, salarios de funcionarios…
 
¿Qué soluciones podemos aportar? En primer lugar, hay que hacer crecer la economía de modo sostenido y sostenible para seguir aumentando la población activa, pero con empleo de calidad, a jornada completa y con salarios mayores. En segundo lugar, hay que adelgazar las estructuras del Estado para liberar recursos económicos. No podemos seguir costeando una estructura hipertrofiada. Eliminar las Diputaciones, el Senado, fusionando Ayuntamientos, cerrando aeropuertos ruinosos, eliminando entes, agencias y demás chiringuitos podríamos ahorrar miles de millones de euro al año, que bien se podrían destinar a estimular la economía productiva y, si fuera necesario (que lo será en breve) a financiar las Pensiones sin aumentar nuestra abultada deuda pública (a pesar de que el Presidente de Cantabria diga que esa deuda no se va a pagar, siento decirle señor Revilla que sí hay que pagarla, intereses y principal).
 
Es este un tema tan crucial para preservar la vertebración de España, que se requiere de altura de miras, sentido de Estado y generosidad por parte de todos, para poder llegar a acuerdos que permitan afrontar este reto que la Historia nos presenta.
 
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