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La degradación del Parque Natural de Oyambre

La degradación del Parque Natural de Oyambre

Por Emilio Carrera Miembro De Ecologistas En Acción-Cantabria | 22/09/2016

 Otro verano más camino del treinta aniversario de la creación de un parque, como el de Oyambre, que no cesa de degradarse como resultado de la nefasta combinación de las tres Administraciones implicadas – ayuntamientos, Consejerías de Medio Rural, Obras Públicas y Cultura, Demarcación de Costas del Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente– y de la pésima educación ambiental de muchos de los residentes habituales, de los aprovechamientos e instalaciones existentes, o de los turistas que frecuentan el teórico espacio protegido.

De esta manera la incuria y el abandono han seguido repitiéndose y ampliándose frente a los testimonios de quienes se han atrevido a una promoción oficial del Parque de Oyambre este verano con reportajes fotográficos que han excluido de sus enfoques la denuncia sobre la trivialización y saturación de imágenes, selfies, photoshops, y demás acumulación de estampas que, en vez de escandalizar a sus autores, lo que han hecho es mostrar, cada vez más, una visión acomodaticia, decorativa y nada exigente de los escenarios por donde desfilan la incompetencia y el desprecio a los valores que atesora aún el espacio teóricamente protegido por las siguientes razones:

En primer lugar, por la absoluta falta de ejemplaridad en el cumplimiento de la ley –ahí están pendientes la ejecución de las sentencias de desmatelamiento del Pabellón Polideportivo de San Vicente, del camping del Rosal, de la escollera del Pájaro Amariillo, de las infraestructuras de la macrourbanización de Santa Marina, o de la ocupación de los sistemas dunares de Merón y Oyambre– que se ha reforzado con la última sentencia, a finales de la primavera pasada, de la anulación definitiva de la variante de Oyambre con la obligación de reponer los terrenos afectados a su estado natural original y a la que se ha hecho caso omiso por parte de las tres Administraciones responsables.

En 2º lugar, por la negligencia del Ayuntamiento de Valdáliga al poner en peligro la salubridad de los turistas y residentes que veranean en la playa de Oyambre por los vertidos realizados al arroyo y el calamitoso estado en que han permanecido los servicios públicos de WC que se encuentra en el parking de la playa de Oyambre, junto a las casetas de Protección Civil, con el abandono absoluto de la limpieza periódica de las instalaciones poniendo en serio peligro la salud –y la integridad física de los minusválidos ante la barrera infranqueable del peldaño de entrada– de todas las personas que pudieran utilizarlo, obligando al visitante a realizar sus necesidades en los alrededores de la playa o pagar una consumición en el bar para poder utilizar el baño. Pésima imagen de suciedad, también, en vertederos y contenedores rebosantes de basura por todos los accesos a la costa en playas, rías y acantilados con cunetas, orillas, praderías y aparcamientos donde aguas residuales, purines, desperdicios de todas clases, plumeros..., han constituido un decorado inigualable.

En tercer lugar, porque se ha seguido consolidando la ocupación y el uso ilegal de la franja marítimo-terrestre impidiendo el tránsito y las servidumbres de paso, alzando y consolidando vallados o pistas de pádel sin permiso alguno, facilitando accesos privados con el deterioro consiguiente de los taludes de contacto con los arenales, o aplazando nuevamente la reposición del monumento del Pájaro Amarillo.

En cuarto lugar, porque siguen en estado de ruina testimonios tan relevantes como la Casa del Pozo, el Lazareto de Abaño, las Colonias de la Institución Libre de Enseñanza, la torre de Ballenas de Oyambre, la batería de Ubiembre..., o tolerándose agresiones al paisaje tan relevantes como las biondas metálicas y los efectos-pantalla del entorno del Puente Republicano; los tendidos y subestaciones eléctricas en torno a Abaño; los propios aparcamientos de Merón, Bederna y Oyambre saturados, caóticos y sin planes de retranqueamiento al interior con inmersiones respetuosas en las infraestructuras viarias en torno a la carretera Barreda-La Revilla o en los ejes secundarios más alejados de los frágiles bordes litorales; las talas a matarrasa y el abandono de miradores, áreas recreativas e infraestructuras de acogida del Monte Corona; las estridentes escolleras y tableros de los puentes sobre las rías de La Rabia y Zapedo; o el descuido de los bordes urbanos, las zonas de contacto con la línea de costa y las rías, o las periferias de los núcleos de población y las áreas de descanso en las márgenes de las vías de acceso...

En quinto lugar, porque no se han sustanciado los expedientes de infracción abiertos por los impactos ambientales y sobre el paisaje en La Canal del Polígono de Las Viñas en Larteme (El Tejo) y en la desembocadura del Gandarillas en la marisma de Pombo, ni se han cumplido los criterios básicos de regeneración de las zonas húmedas litorales y del desmantelamiento de diques como el del Capitán-Zapedo; de las colas de las marismas –en La Rabia-Rioturbio, Zapedo-El Capitán, Bederna y Merón, Rubín y Pombo....–; y de los objetivos de restauración y reforestación de los ecosistemas fluviales y las laderas y cumbres de vegetación autóctona del Monte Corona, cada vez más invadidas por las plantaciones masivas e indiscriminadas de pinos y eucaliptos.

Y, en sexto lugar, como remate de los despropósitos –que no acaban con está crónica y que seguiremos denunciando– la marisma de Rubín y el estuario del río Escudo han sido invadidos por la chilca (Baccharis halimifolia) sin que su cubrición por las pleamares (total o parcial), tal como se ve, por ejemplo, en la ría de La Rabia consiga eliminarla con el agravante de que su mayor concentración es en la parte superior del dique perimetral de la marisma que sigue prácticamente intacto; olvidando, además, que esta planta invasora –junto a los plumeros y la reynoutria japónica– es uno de los problemas más graves que afectan al Parque, en sus zonas de marisma y terrenos cercanos por su elevada tasa de germinación (70-90%), la producción de 500.000 semillas/año, por planta de más de 2 años, por su rápido crecimiento (30-40 cm. /año) y por sus negativos efectos sobre los organismos autóctonos. Factores biológicos y ambientales que justifican la exclusión del glisofato por su impacto tóxico y contaminante que debe ser sustituido por la opción del arrancado manual como ya se ha realizado en el País Vasco, estuarios de Urdaibai, Leay y Txingudi, donde se han arrancado millones de ejemplares en sucesivas campañas.

Con respecto a la rotura del dique solo hay dos brechas abiertas, una de aproximadamente 4 m. y otra cercana de menos de 1 m., muy lejos de lo especificado en el Proyecto de Recuperación de la marisma, localizadas, además, en tramos del lado Oeste limitando con el final del cauce del río Escudo donde puede interaccionar con el caudal fluvial en los episodios de fuertes avenidas dando lugar a impactos no previstos, cuando en el Proyecto especifica claramente “Apertura del muro en una longitud de 500 m., en su parte frontal”. En cuanto al arbolado autóctono, concentrado en el lado Este, más cercano al monte, sí se verá afectado por la salinidad, secándose progresivamente, proceso que ya ha comenzado, y donde sus troncos y ramas, lo mismo que los tocones de eucaliptos, se convertirán en posaderos de aves,

 

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